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Budha explotó de verguenza- Por Teresa

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ESTAS ESCUCHANDO ROCIO- ROCIO JURADO

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Recuerdo que vivíamos en un pueblecito de aquí, de Asturias. Yo tenía 8 años. íbamos al comedor del Servicio Social y siempre me sentaba al lado de otro guaje de casi mi misma edad. Éramos 3 niñas y un niño.

Cuando había lentejas era un día bueno porque el guaje  que se llamaba Paco tenía una familia que era dueña de un molino y no podía ver los bichos de las lentejas.

Yo tenía tanta hambre que cerraba los ojos para no verlas y así se me quitaba el asco y saciaba el hambre. Recuerdo que el pan lo tenía que llevar casi todos los días porque mi padre tenía asma y úlcera de estómago y esperaba aquel trocito de pan duro como agua de mayo. Hacíamos una sopa de ajo con aquel pan pero había una pega si me olvidaba me regañaban. Lo malo era cuando te castiganban en el comedor y no tenías pan. Fue algo horrible.

Cierto día al salir del comedor, una señora me cogió y me llevó a su casa. Al principio no sabía que me esperaba así que en mis mejillas había gotas como cuando la lluvia cae de los aleros pero me calmé, me dieron no recuerdo qué, pero me harté de comer aquel día, no había por suerte lentejas. Después me bañaron, me cortaron el pelo a lo garçon que es muy bonito, me pusieron un refajo, un jersey y un lazo en el pelo y me acompañaron a casa para que no me riñeran.

Casualmente estoy fotografiada con esa ropa. Cierro los ojos y la veo en mis recuerdos ya que la puse durante muchos años.

Este recuerdo se me vino a la cabeza porque mi hijo me regaló una película de una niña que no tenía lápiz ni libreta para ir a la escuela.

En aquellos tiempos había al igual que en la película dos tipos de escuelas una para niñas y otra para niños. Y al recreo lo pasábamos muy bien.

Yo, como la niña de la película también lloré por salir de la escuela donde sólo estaría dos años.

La película que me recuerda tanto a esta etapa de mi vida se llama Bhuda explotó de verguenza.

Otro día una señora que era cubana me dio calcetines viejos y alguna cosa más si yo le cantaba la canción de Rocío ay mi Rocío, otrame daba el pan duro que dejaban endurecer porque no lo comían.

Yo le cantaba al marido de esta última que siempre llegaba borracho y le pegaba a su mujer ese tango que dice porque me pegas si sabes que te quiero, todo a cambio de aquel pan duro y lleno de moho verde.

Esta es la triste realidad con que encuentra un niño con las malditas guerras.

Lo suscribe Teresa, una niña que este abril cumplió 79 añinos.

Acerca de endriga

Este es el blog de unos amigos/as.

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