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El palacio de la Magdalena.- Por Rosa

Publicado en

Claro de Luna Debussy

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El nombre de mi padre Victor, le vino porque su padre, mi abuelo Jesús, trabajaba de sirviente para los de la casa Ponce hoy convertida en el palacio de la Magdalena y allí había un señorito llamado así.

Mi abuelo Jesús cuando salía de trabajar atravesaba toda la enorme finca que unía el palacio con el castillo, muchísimo más antiguo que el palacio, una fortaleza que en el sotano de la torre podría albergar un enorme aparcamiento de coches en la actualidad.

Se cuenta que los dueños del castillo iban estacando las zonas por donde pasaban diciendo: “Esta tierra es mía” por lo que la enormidad de las fincas es impresionante.

Cuentan también que el castillo, no el palacio, tiene unos enormes pasadizos que conducen hacia un lugar indeterminado que mi madre no ha sabido precisarme.

Ella conoció a los antiguos habitantes de la Casa Ponce, el palacio de la magdalena. En aquellos tiempos eran muy viejos y llegó a entrar en los habitáculos de la servidumbre donde algún alma caritativa confeccionaba ropa gratis para la gente pobre y sus hijos.

En lo que hoy es el palacio, había casas de servidumbre y de los guardas. Mi madre iba a llevarle allí también la comida a mi abuelo al trabajo.

Había un perro enorme y mi madre le tenía miedo porque a menudo atacaba a la gente aunque de noche, el perro no salía, o al menos ella no lo veía.

De pequeña iba a jugar allí con sus amigas, recuerda que había dos leones de piedra o de hierro con los que ella solía jugar tapándolos con su faldita. Decía este león es mío y el otro también.

En una ocasión en que rondaba por el castillo siendo una niña, estaba mirándose en el río cuando vio reflejada en el agua la cara de un hombre.

Ella se asustó mucho y echo a correr con el tiempo dedujo que aquel hombre estaba allí escondido durante la guerra y que había salido en ese momento a buscar comida cuando mi madre le sorprendió.

El palacio pasó a ser después una residencia para huérfanos de la mineria. Todas sus dependencias debieron ser maltratadas, supongo que debía haber allí objetos de arte y cosas mucho más interesantes de las que quedan.

Hoy es un lujoso hotel, con la cafetería unida al comedor, una comida de primerisima calidad, atención exquisita y ese aire principesco que han conseguido salvar, con sus sofas isabelinos, sus techos altos y lámparas de araña y vidrieras de abigarrados colores.

Conserva ese aire nuevo y antiguo a la vez con servicios como el spa y unas estupendas vistas al Castillo, Soto, la Arena y San Esteban.

Ese palacio sin embargo es mucho más. Forma parte de mi historia, la historia de mi familia y de mis padres.

Debía representarse como algo misterioso y mágico para una niña como entonces era mi madre, con sus escaleras de madera, su enorme claridad y un interior mucho más impresionante que lo que muestra su arquitectura externa.

Ellos vivían un poco más abajo en la Calle de la Magdalena, lugar donde está ubicado el palacio un poco más arriba

Acerca de endriga

Este es el blog de unos amigos/as.

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