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Archivo mensual: octubre 2010

Este video es para tí, papá, con todo nuestro cariño

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que hay familia

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Hola mamá, hola  papá y toda la familia

Se hace difícil abrir el blog y ver que participamos poco,  gracias a Yoyi que con sus escritos lo mantiene actualizado, en realidad está vivo  xq la gente, la familia, los amigos, siguen viéndolo, siguen visitándolo. Gracias Rosa, por tus esfuerzos y desvelos

En realidad no sale escribir mucho, cuesta tanto la pérdida de papá, su ausencia, no poder hablar con él, contarle…y aunque ya somos mayores te sientes huérfana, es como si el círculo que formábamos se rompiera  y no se puede rehacer xq nos falta una pieza clave

Cuesta estar alegre, cuesta vivir, cuesta celebrar cumpleaños, aniversarios…cuando estamos junt@s  siempre está en nuestras conversaciones, en nuestros recuerdos, y cuando estamos a solas…

En   Nico lo vemos a él o nos lo imaginamos ya que Nico es igual que su padre, pero hay algo de papá en él, está todo el día haciendo cosas, inventos, le encantan las obras, mirar cómo hacen las cosas, las herramientas, las máquinas, su boca y sus dedos pulgares son suyos y él lo sabe, en el amor propio que tiene, cómo se crece con las dificultades.

Aún no vemos, pero intuimos mucho de él,  en es@  futur@  hij@ de Viti y Ana, xq va a tener mucho de papá, aunque sólo sea x lo que sus papá y mamá le contaran, le hablarán de papá, el cariño que le pondrán

Tod@s estamos maravillad@s con ese nuevo ser humano, Estrada González, que viene en camino, Rosi y Víctor están encantad@s con ese nuevo título que se les avecina: ABUEL@S, y Noemí de MADRINA, está muy contenta

                Hace unos días Julia durmió en nuestra casa, se puso el pijama de papá, decía qué cómodo Marisa, qué calentín! Y yo me alegré tanto que ese pijama le diera esas sensaciones

Rosa encontró una perrina herida, KIKA se llama, la llevaron al veterinario para curarla y ella tiene un agradecimiento enorme hacia ell@s, es comilona, obediente, cariñosa, no ladra apenas, se sienta allí a su lado mira a Rosa y no se va sin ella, se les nota el amor que se sienten una por la otra, creemos que papá la puso en su camino por qué es increíble el amor mutuo que se tienen, tendríais que verlas!

A mamá el asma le está dando una  regular temporada, pero ella está encontrando respiro en las actividades del Centro de Mayores, a través del taller de literatura, de las amigas que está encontrando y las que ya estaban, a través de nuevos proyectos donde se siente protagonista, y a través de tod@s  nosotr@s, de l@s niet@s, de l@s bizniet@s , l@s que están y el/a que ya viene en camino

El domingo fue un día jodido, muy jodido, pero ahí tamos papá, intentando estar a la altura, aunque cueste mantenerse, allí  tenias a tod@s los que te quieren, los que nos quieren, al menos los que pudieron estar, xq quererte todavía hay más de los que estaban allí

Te seguiré contando, os seguiré contando. Os  quiero papá y mamá y toda la familia

Marisa Estrada Díaz

Nuevamente desde la barca del petirrojo

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Voy a subir a la barca del petirrojo para poder seguir con mi vida.
Os quiero tanto hijos míos, nietos y sobrinos tanto de mi parte como de la de Víctor que creo que la vida debe seguir.
Mi corazón está a la espera de un nuevo ser porque vendrá hacia marzo y que el señor quiera que así sea ya que nos traerá la ilusión de segur viviendo.
Ahora está en su nave formándose y moviéndose y es feliz.
Quiero mandar todo mi amor a Isabel de Madrid, mi lindísima sobrina y a su marido desde Asturias con amor.
A mi lindo Escamplero, María y Milin y todos los suyos, a Sama, la Felguera, a todos mis sobrinos de una parte y otra y como no a nuestras amistades que con tantísimo amor me trataron ayer.
En la barca todos somos uno.
Hay tanto amor que dar y recibir, tanto amor que tenemos, que hay que estar ahí.
Besinos a todos desde la barca del petirrojo.

Teresa de Víctor

Dedicado a papá

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Aquella estrella de alla
hoy brillara por ti

tus sueños se realizaran
siempre ocurre asi.

Aquella estrella de alla
tiene una extraña luz

quizas nunca jamas se ira
si es que la sigues tu.

Brilla estrella brilla mas
y sabre donde estas

hasta un magico pais
tu me guias por el cielo.

Y cuando vas a dormir
y el dia ya se va

la estrella te iluminara
y siempre brillara.

MAMA Y PAPA – Un video en que salen- Enviado por Marisa

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Pastas de mantequilla- Repostreria casera para mi tía Teresa- De Jose

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PASTAS DE MANTEQUILLA

Ingredientes:

500 gr. de mantequilla
200 gr. de azucar glass
800 gr. de harina de reposteria
Una cucharilla de cafe de azucar de vainilla
Un huevo entero

Preparación:

En un bol mezclar todos los ingredientes hasta formar una pasta que se pueda trabajar, despues estirarla y con un molde ir haciendo las galletas. Adornarlas con cerezas escarchadas, chocolate, avellanas, nueces etc. Meterlas en el horno a temperatura media, 160 – 180 grados, hasta que cojan un color ligeramente dorado. Y a comerlas que están muy buenas.
Un beso para todos.

Os mando la foto por si no entendisteis algo, para que veais como tienen que salir.

El barrio de la luz llamado antiguamente la xuncarosa

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CASA LA TORRE En la ladera del Monte de La Luz y en el camino de la ermita se levanta este caserón, antiguo palacio, construido hace unos 300 años por los Condes de Luera. Pasó, después, a ser propiedad de los Condes de Velarde que lo utilizaban para pasar en él largas temporadas de descanso. ( Sobre esta familia y la fuente de la ermita existe una vieja leyenda, que merece la pena conocer).

Actualmente se trata de una finca, dedicada a la agricultura y a la ganadería por la familia “La Torre” ( de ahí deviene su nombre actual ) que la recibieron de los Condes como colonos, pasando luego a ser de su propiedad.

Casona.jpg (17814 bytes)
Casa de La Torre

 

LEYENDA DE SALVADOR, EL HIJO DEL CONDE

Copiamos la leyenda tal como la cuenta, en un trabajo periodístico, don Belarmino Prada quien, como entrada de su historia, explica que “la capilla de La Luz fue mandada construir, en la cima más alta del monte, por los Condes de Velarde, para perpetuar la memoria del feliz suceso de haber encontrado a su hijo, que no sabían de su existencia, (según datos recogidos del libro “Avilés”, escrito por el Reverendo Padre don Manuel Álvarez Sánchez).” Al Conde de Velarde, siendo niño, le llevaban sus padres a la casa de campo que poseían en la loma de La Luz ( hoy casa de “La Torre”) para pasar el verano. En la posesión señorial vivía el mayordomo con varios hijos, con quienes el chico jugaba en fraternal compañía.

Según crecía iba encariñándose con sus amiguitos, sobre todo con Sofía, que era, al parecer, la más lista y más graciosa; lo que al principio sólo era cariñosa amistad, después se tornó en amor.

Cuando Sofía iba a la fuente, situada en lo alto de la cima (aún existe ), iba acompañada por el joven conde y al pie de un roble que allí había, que daba sombra al manantial, hablaban de amores pues ya se amaban.

Las repetidas visitas a la fuente llamaron la atención del padre del chico, al que prohibió subir a aquel sitio y a seguir con aquella amistad. Pero ya era tarde. Los jóvenes se habían ya jurado perpetuo amor y el muchacho creyó un deber de conciencia y de justicia cumplir el juramento.

Al joven conde se le mandó a Francia para, así, poner dique a esas relaciones. Desde Francia escribió una carta a Sofía, en la que le decía: “Ten confianza en mí; sólo durará meses mi forzada ausencia, pero jamás tu imagen se apartará de mi corazón”.

A los quince meses de estar en París volvió a España, y lo primero que hizo fue buscar a Sofía. No la encontró; la joven, deseando ocultar el fruto de aquel amor, había marchado de la casa pretextando que iba a servir a unos señores de Oviedo. En el camino dio a luz a un niño, de resultas de lo cual fallece a los pocos días, dejando al niño bajo la protección de un honrada mujer, que le puso de nombre Salvador, y en compañía de quien vivió en Nubledo de Cancienes, implorando la mendicidad hasta la muerte de la que hacía de madre.

Recogido posteriormente por el señor cura párroco de la iglesia de San Nicolás ( Avilés ) que conoció a Salvador porque éste iba todos los días al templo a orar ante la Virgen del Carmelo, a quien le pedía suerte para poder ganar el sustento de la que creía que era su madre.

Una tarde, el niño se quedó dormido cerca del altar de la Virgen. Al bondadoso sacerdote le llamó la atención ver a aquel hermoso niño durmiendo con tanta tranquilidad; le despertó e interrogó para saber quién era y qué hacía allí.

 

– ¿ De dónde eres ? – De Nubledo de Cancienes.

– Y, ¿ a qué vienes por aquí ? – A pedir limosna.

– ¿ Tienes padre ? – Sólo madre; padre no le conocí nunca.

– ¿ Cómo te llamas ? – Salvador, para servir a Dios y a usted.

El sacerdote le cogió gran afecto y le ofreció protección; protección que fue cumplida, toda vez que a su lado Salvador se hizo un hombre de refinada cultura.

En el lecho de muerte, la mujer que Salvador tenía por madre le confesó su vida, exponiéndole con minuciosos detalles que hacía doce años, cuando iba a misa, encontró a una mujer joven, agotada por el cansancio, el hambre y el sufrimiento. Aquella mujer se dirigía a Oviedo. Llevaba a una criatura que estrechaba contra su seno para darle un calor que a ella le faltaba. La llevé a mi casa, la prodigué todos los cuidados; pero todo fue inútil; a los tres días de estar en mi compañía se murió, entregándome una cajita con un medallón y pidiéndome que no abandonase a su hijo, que lo cuidase y que fuera para él una verdadera madre. ¿ Ese niño eres tú, Salvador ! La escena fue conmovedora. Su bienhechora le entregó la cajita que había recibido de su madre; que abrió emocionado y tembloroso y al ver la figura de su joven y desgraciada madre estampó en ella varios meses, a cual más ardiente; prorrumpió a llorar y cayó desmayado en los brazos de su bienhechora.

Vivía el conde feliz con su familia, pero no se apartaba de su imaginación el recuerdo de Sofía. Salvador, protegido por el señor sacerdote, llegó a ser un pintor de prestigioso nombre, por lo que el señor Conde le hizo el encargo de hacer un retrato a su hija Marta; fue complacido y desde entonces hizo estrecha amistad con la familia de los Velarde.

En cierta ocasión fue invitado a una fiesta familiar en la aristocrática mansión que poseían en Avilés. Allí acudió y al pasar por uno de los suntuosos salones, vio en el mismo un retrato de una mujer y, al contemplarlo, observó que era igual al del medallón que llevaba de su madre. Sufrió un síncope que atrajo la atención de toda la concurrencia. Ya repuesto, pudo comprobar efectivamente que aquel retrato era el retrato de su madre, pues el medallón que poseía era el mismo que, un día, obsequiara el Conde a su madre, antes de salir para Francia.

El Conde se convenció de que aquel era su hijo; emocionado y con lágrimas en los ojos, le abrazó repetidas veces. Salvador, desde aquel momento, fue a vivir con su padre, siendo muy querido también por la señora Condesa y su hija María.

Para perpetuar el feliz suceso y en cumplimiento de un voto que el Conde, 25 años antes había hecho, mandó edificar la hermosa capilla de Nuestra Señora del Alumbramiento, en lo más elevado de la vistosa colina de La luz, colocando sobre la puerta el escudo de la linajuda estirpe de Velarde.

 

OTRA VERSIÓN DE LA MISMA LEYENDA( Para gustos se hicieron los colores. ¿ Y por qué no las leyendas ? Copiamos una segunda versión, según la cuenta don José Manuel Feito en su trabajo “Historia, Leyenda, Mito y Rito en torno a la ermita de La Luz”. Que, luego, cada cual extraiga las consecuencias que mejor le parezcan. Desde aquí, por supuesto, nosotros subrayamos las diferencias y, en ambas, valoramos su curioso interés. Y nos felicitamos porque el suceso es nuestro, ocurrió en el Barrio ). En la colina de Lluera aún está en pie y habitado el viejo palacio o torre desde cuyos ventanales se divisa claramente la ermita de la Virgen y su fuente.

Hace ya muchos años vivieron aquí unos Condes a los que la Virgen, por especial favor, les concedió un hijo después de esperarlo largo tiempo. Cada año, en agradecimiento a Nuestra Señora, regresaban de lejanas tierras, como las golondrinas, a celebrar “La Luz de Mayo” y a disfrutar parte del verano.

En torno al caserón, diseminadas por las laderas del monte, algunos caseríos de mísera estructura al estilo feudal daban albergue a los siervos que cuidaban de la hacienda de los Condes. En uno de ellos vivía un matrimonio cuya hija subía con frecuencia a la colina a dejar a los pies de Nuestra Señora de Luera la guirnalda de flores que había entretejido con primor en los días rumorosos del mes de mayo mientras cuidaba las ovejas. Era una pastora digna de que la Virgen María cualquier tarde le hablara desde una encina. No fue así.

Un día, mientras estaba bebiendo de bruces en la fuente, que aún hoy mana no lejos de la ermita, sintió cómo unos ojos la miraban. Antes de elevar los suyos, pudo ver un instante reflejada en el agua la figura apuesta de un joven, el hijo de los Condes, y que ella, por un momento, se imaginó el príncipe azul tan esperado. Ambos se miraron tiernamente y el amor llegó puntual a su cita. Cada tarde la fuente fue testigo fiel de mil y una promesas. La Condesa observaba desde las ventanas de la Torre de Lluera con preocupación, más de linaje que de madre, las idas y venidas de su hijo a la fuente, los cada vez más reiterados encuentros y el cariz que iba tomando aquella disparatada amistad.

“Esperaremos al mes de agosto o a setiembre – le decía la Condesa al Conde -. No debemos infundir sospechas. Nuestra marcha, a finales del verano, pondrá fin a este ridículo idilio. ¡Estaría bueno! ¡Nuestro hijo casado con una vulgar desarrapada…!”

Aquel año, nadie supo por qué los Condes se fueron mucho antes de que se acabara agosto, apenas pasada la fiesta. Los dos enamorados lloraron de tristeza y se juraron eternas promesas de fidelidad y amor. El día de la despedida fue especialmente esperado y preparado. Se citaron, no junto a la fuente, sino junto a la ermita, donde ya alguna otra vez se habían visto. Allí se coronaron de besos y promesas, casándose ante Dios y ante los muros, testigos: todas las estrellas. Y allí se prometieron una vez más eterno amor. El hijo del Conde arrancó la medalla que llevaba al cuello con su título e iniciales y se la dio a la joven: “Aquí tienes las arras. Guárdalas como un recuerdo”. Pasó el tiempo y llegó de nuevo mayo. Los Condes no llegaban. Ni tampoco en junio. Un buen día la pastora desapareció del caserío y cercanías. Nadie supo más de ella por más que padres y allegados la buscaron por montes y barrancas.

¿ Qué había sucedido ? Cuando al cabo de un tiempo supo que iba a tener un hijo, temerosa del castigo de su padre, fiel servidor del señor de Luera, y queriendo evitar el desprestigio del Conde y de su hijo, ante la carencia absoluta de noticias de quien juró amarla siempre y regresar de nuevo, huyó de casa una noche.

Dicen que anduvo, anduvo, hasta llegar el día. Medio muerta de agotamiento se hospedó en casa de una buena mujer , muriendo allí al poco tiempo, no sin antes haber colgado la medalla al cuello del pequeño y haber dado alguna explicación a aquella mujer bondadosa. El niño creció sano y robusto, ayudando en las faenas del campo a su protectora. Cuando al fin del verano regresaron los Condes a cumplir su promesa, el hijo en vano interrogó a todos los labriegos del lugar y cercanías. Nadie sabía nada o no querían saberlo por miedo al Conde.

Pasaron muchos años. Una mañana por el camino de la ermita subía un joven aldeano. También él tenía una promesa que cumplir, hecha por su madre antes de morir: “si logro este hijo mío, lo llevaré en promesa a la ermita de Nuestra Señora de Lluera”. Él tomó sobre sí el compromiso. Cuando llegó a la ermita, rendido de cansancio y sediento, se acercó a la fuente para apagar la sed. Una gaita inundaba el valle con su monótona música entre “ijujús” y asturianadas. Cerca de la ladera norte los jóvenes rompían contra el suelo o monte abajo cazuelas de barro negro después de tomar la leche presa que en ellas se vendía, como un rito ancestral. “¡Cada pedazo, un beso ! ¡Cada pedazo, un beso !…”,se oía gritar entre el lógico regocijo de los protagonistas. Algunos romeros se habían ya sentado cerca de la fuente bajo los viejos robles que brindaban su sombra secular. El joven se arrodilló y bebió de bruces aquel agua que manaba clara y mansa. Cuando trató de izarse, la medalla cayó sobre la fuente. Uno de los presentes la vio brillar, miró fijamente al joven y, como movido por un resorte, se abalanzó hasta el agua y tomó entre sus manos aquel trozo de metal precioso aún pendiente del cuello. Era el hijo del Conde que cada día, en vano, se acercaba a la ermita y a la fuente, esperando volver a ver de nuevo cualquier día a la pastora.

Un grito incontenible se escapó de sus labios: “¡Hijo mío!.

El joven aldeano se dio cuenta, al punto, de quien era aquel hombre, y sin dar crédito a su corazón, abrazándose el Conde, no pudo menos que exclamar:”¡ Padre mío !”

Los dos quedaron largo tiempo abrazados en medio del oleaje inmenso de recuerdos y lágrimas, de sollozos y alegría.Hubo que arreglar algún papel y cambiar unos apellidos. Se dieron algunas explicaciones, las imprescindibles.

A partir de aquel día, el joven peregrino, que llegó a cumplir una promesa, fue el heredero de todo aquel Condado de Luera.

Desde entonces las jóvenes del lugar, cuando llega “La Luz de Mayo”, se acercan antes de amanecer al manantial y beben, beben agua milagrosa y clara de bruces sobre la fuente. Porque hay una copla que dice:

  

“Hay una fuente en La Luz

que nace al pie de un carbayo,

quien bebe en “La Luz de agosto”

se casará en “la de mayo”

 

CAMINOS Y CARRETERAS.

Si exceptuamos la carretera que pasa por Villalegre en dirección Avilés-Oviedo, y la que, pasando por el Alto El Vidriero, viene desde Avilés por la calle de El Carmen, las demás comunicaciones de la zona se reducía a caminos, caleyas y sendas peatonales. De éstos será de los que nos ocuparemos tras indicar cuáles eran las dos únicas vías por las que se llegaba a La Luz, desde Avilés.

La primera opción era la carretera de Oviedo. Había en Avilés un tranvía, conocido con el popular nombre de “La chocolatera“, que tenía una de sus terminales en Villalegre, concretamente en el lugar conocido como EL FOCO, por existir allí un foco de luz. Desde este punto hasta el Barrio había que subir a pie.

Cuando, siguiendo esta ruta, se pusieron los primeros autobuses el cartel que se colgaba de los mismos, para referencia del usuario, era el de LA XUNCAROSA.

El otro camino por el que se accedía a La Luz era el que saliendo de Rivero, en Avilés, compartía unos tramos de Gutiérrez Herrero y la carretera de Oviedo. Por la derecha de ésta, ascendía por la calle de El Carmen y doblaba por el Alto El Vidriero para, por el Camino de la ermita, adentrarse en el Barrio. El trayecto señalado se hacía o bien en burro o bien caminando.

El resto de comunicaciones consistía en caminos de carro, caleyas y sendas peatonales. Damos cuenta de estas vías que arrancaban todas ellas del lugar en donde hoy se alza el depósito del agua.

1ª – Senda peatonal que, partiendo del depósito del agua, iba hacia Molleda. Aún existen restos de esta vía que pasaba por El Pradón y junto a la fuente Revita. 2ª – Otro camino que, partiendo del depósito, llegaba hasta la carretera de Molleda (Bar Vega) era el que bajaba por Pizarro y la parte derecha de las chabolas. También quedan restos del mismo.

3ª – Saliendo igualmente del punto citado había otra senda peatonal. Partía un ramal hacia el Molino de Montera y los lavaderos existentes a la orilla del río Arlós, y por el otro lado se prolongaba hacia la ermita, por donde hoy están el Instituto y los Colegios.

4ª – El caleyón que partía de El Alto El Vidriero, al lado del muro existente todavía, pasaba por el transformador que está al lado de el Parque, por debajo de la finca El Palacio ( hoy parte baja del Parque de La Luz ) y seguía en dirección a la carretera de Molleda-Molino de Montera.

5ª – Otra pequeña caleya que, partiendo de El Caleyón citado (calle Zaldúa – Campo de los Reyes) era la que atravesaba la actual calle de Francisco de Orellana, pasaba junto a la nueva vivienda unifamiliar de la que hemos hablado y, monte arriba, tiraba hacia la ermita.

 

FUENTES.

Como no había agua corriente los habitantes de la zona se servían del agua que recogían en fuentes, algunas de las cuales se conservan y que pasamos a describir.

FUENTE EL CAÑO

Situada en Lluera. La fuente original se encontraba unos cien metros más arriba de la actual en una finca en la parte izquierda al lado del camino que sube en dirección a la ermita.Se bajaba a ella por unos escalones de piedra y se recogía el agua con un puchero.

En 1891 se hizo una arqueta que recogía el agua y se la llevó al lugar en donde hoy se encuentra. Del caño se tomaba el agua para beber, el sobrante se recogía en un pilón que hoy existe y servía para beber los animales, principalmente vacas, y servía igualmente para lavar la ropa. Hoy el agua está contaminada y no se puede beber.

LLAVATORIO

Fuente que servía para tomar el agua para beber. Estaba situada próxima al actual Bar Panorama en la ladera que mira hacia La Magdalena. Era similar a la anterior. En 1980 fue modificada para hacer la traída de aguas a las casas próximas y hoy existe en el lugar una pequeña caseta.  

Fuente de LA ERMITA

Aún existe. Está situada al lado de la ermita de La Luz, junto a la cruz de piedra (crucero). Igualmente está contaminada su agua y no es potable.  

Fuente de LA TORRE

Está situada cerca del Palacio de los Condes de Velarde, próxima a unos árboles. Servía de agua a la casa de los citados condes. Aún existe hoy día. De ella recogen agua para beber los animales.  

Fuente REVITA

Hoy día aún existe y de ella surge el agua a través de un caño. Es una fuente cubierta con ladrillos aunque en su época anterior estaba cubierta de una losa de piedra. Está situada cerca del Bar Palanqués y muy próxima al final de la calle Francisco Pizarro.

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Fuente Revita

Nota: Las fuentes eran, en la época, lugares obligados de concurrencia de mozos y mozas que se aprovechaban de la ocasión para cortejar y entablar amistades. Lugares, por lo demás, de inevitable referencia en la mitología asturiana. Por su curiosidad e interés copiamos a continuación una leyenda sobre el particular.